Vistas de página en total

viernes, 29 de noviembre de 2013

Tu mirada: el espejo en que me miro


Autora: Toña Sala
Publicado en la revista Mente Sana.

         Érase una vez, hace ya algún tiempo, que fuimos niños. Y antes que niños fuimos bebés. Imaginaos un momento de nuestra existencia en que no sabíamos hablar ni entender las palabras que nos decían. Cuando mamá y otras personas nos hablaban las palabras nos “tocaban” produciéndonos sensaciones que nos resultaban agradables o desagradables. Igual nos ocurría con las miradas, cuando mirábamos a mamá y mamá nos miraba notábamos sensaciones  con las que nos sentíamos alborozados, estimulados, contentos, pesarosos... . La mirada de mamá se fue convirtiendo en un espejo que nos devolvía imágenes de nosotros mismos y del mundo.

        A través de estas miradas  y de esas palabras poco a poco fuimos construyendo en nuestro interior los cimientos de nuestro autoconcepto, ingrediente esencial de la autoestima. Cuando mamá nos decía “eres precioso” en un tono juguetón y su mirada era alegre sentíamos que era algo agradable, poco a poco interiorizamos algo bueno de nosotros mismos. La mirada de mamá también nos ayudaba a saber qué teníamos que hacer con otras personas y con los objetos. Así, cuando alguien nos ofrecía algo, un juguete, una galleta, mirábamos a mamá, si la mirada de mama sonreía, entonces lo aceptábamos.


        La mirada de los adultos es el espejo en el que los bebés y los niños se miran, la imagen que les devolvamos de ellos mismos y del mundo les acompañará siempre, devolvamos pues imágenes positivas que contengan amor y les hagan sentir confianza.