Vistas de página en total

miércoles, 10 de abril de 2013

ACOSO PSICOLÓGICO

Publicado en la Revista
Mente Sana
Autor: Sergio Huguet


 
El acoso psicológico se ha convertido, como muestran las estadísticas, en un problema cada vez más presente en nuestra sociedad. Bien sea en los ámbitos organizacionales, como las empresas de trabajo, los centros educativos, los centros sanitarios, bien en ámbitos personales, como la familia, la pareja, bien en las redes sociales, donde el problema parece crecer día a día de forma exponencial, los efectos del acoso psicológico se están dejando sentir de forma contundente.

Fue el etólogo Konrad Lorenz quien, haciendo referencia al hostigamiento grupal ejercido por algunos animales de ciertas especies sobre sus congéneres, utilizó por vez primera el concepto “to mob”, que se define como “atacar con violencia”. Posteriormente, durante un Congreso sobre Higiene y Seguridad en el Trabajo celebrado en el año 1990, un doctor en psicología, el profesor Leymann, retomó el concepto de Lorenz y le dio una acepción moral y psicológica al utilizar el término “mobbing” para referirse al acoso psicológico que padecían ciertas personas en su medio laboral. Este es el término que mayor difusión tiene hoy en día en nuestra sociedad. Sin embargo, en la actualidad se habla ya, además del mobbing o acoso laboral, de acoso escolar (o bullying),  el ciberacoso,  el acoso familiar, el acoso sexual, el acoso inmobiliario, etc.

En términos generales, sin hacer referencia a ningún ámbito particular en el que se manifieste este tipo de comportamiento, ¿qué entendemos por acoso psicológico? Todos sabemos que vivimos en una sociedad muy competitiva que favorece la aparición de problemas interpersonales, discusiones, luchas de poder, rencillas, rivalidades, etc., pero cuando hablamos de acoso psicológico estamos haciendo referencia a un comportamiento que va mucho más allá. El acoso psicológico consiste en la manifestación hacia una persona de un trato que atenta contra su dignidad e integridad moral por lo vejatorio y descalificador del mismo. La finalidad del acosador es la de desestabilizar psicológicamente a su víctima con el fin de que esta pierda progresivamente la confianza en sí misma y en los demás. Intenta dejarla totalmente indefensa e incapaz de reaccionar ante él,  anulado de esta forma su capacidad de defensa y de rebeldía frente a sus perversos dictámenes y deseos. El acoso puede realizarse a través de una conducta activa, como cuando se mina la seguridad de la víctima llenándola de angustia, dudas y culpabilidad con constantes amenazas, críticas, engaños y trampas, o bien puede ser un acoso pasivo, como cuando el agresor niega su atención a la víctima, le hace de lado en un grupo o le somete a un aislamiento afectivo.

Sobre el perfil psicológico del agresor y de la víctima decir, del primero, que se trata de personas que necesitan hacer de los demás sus víctimas para poder incrementar su sensación de poder y ocultar así el profundo sentimiento de inseguridad personal que los caracteriza. Aunque en un primer momento puedan parecer personas con mucho poder personal, lo cierto es que carecen de habilidades para resolver sus conflictos interpersonales. Además presentan una baja autoestima, la cual tratan de compensar con una notable capacidad de manipulación de su ambiente, al que trata siempre de alinear con sus deseos de poder sobre su víctima. Así mismo, su vida afectiva se caracterizada por ser muy pobre y estar llena de constantes conflictos interpersonales, rivalidades, envidias y luchas de poder. Respecto de los segundos, las víctimas, decir que suelen ser personas cuestionadoras de la opinión y puntos de vista de los demás, sobre todo de las personas que ostentan el poder, con iniciativa propia, independientes, que en ocasiones suelen tener pocas habilidades de defensa frente a la presión psicológica, que pueden estar un tanto aislados socialmente, también a veces un poco inocentes en su proceder, y que parecieran transmitir un cierto aire de indefensos y vulnerables. En los casos más graves de acoso, la víctima puede llegar a experimentar un nivel tan alto de angustia que puede, como mecanismo de defensa, acabar estableciendo una relación afectiva con su agresor. En tales situaciones, la víctima llega a mostrar un intenso agradecimiento frente a cualquier pequeño trato amable que su agresor le dispense. Este mismo mecanismo de defensa le lleva incluso a negar el maltrato psicológico, a justificarlo, a intelectualizarlo desensibilizándose emocionalmente, a culparse de la situación e, incluso,  a enfadarse con las personas que le pudieran tratar de advertir acerca de su situación para ayudarla.

Ana Martos, autora del libro: “¡No puedo más! Las mil caras del maltrato psicológico”, nos ofrece algunas claves que pueden ayudarnos a detectar si estamos siendo víctimas de acoso psicológico. Algunos de estos indicadores pueden ser, por ejemplo: que exista un apego ambivalente, es decir, intenso en afecto pero lleno de inseguridad, miedo y desconfianza frente a una persona con la que no puedes sentirte bien, pero a la que tampoco puedes dejar; que te encuentres a ti mismo haciendo cosas que no quieres hacer pero que te resulta prácticamente imposible negarte por miedo o inseguridad, pasando a justificar tu comportamiento; que sufras una humillación constante en silencio frente a esta persona y que vivas esperando que tu agresor se dé cuanta de su comportamiento o venga alguien en tu ayuda; que concluyas que eres el culpable de la situación dolorosa que estás padeciendo porque tú mismo te lo has buscado, pasando así a cargarte con la responsabilidad del comportamiento de tu agresor; que no pares de darle vueltas a la cabeza tratando de averiguar qué es lo que has hecho para estar padeciendo una situación tal y que la culpa te invada profundamente aun no habiendo un comportamiento tuyo que la justifique.

Si te resuena alguna de estas posibilidades, has podido tomar conciencia acerca del hecho de estar inmerso en una situación tal, y has tomado la decisión de resolver cuanto antes el conflicto, necesitas saber qué es lo que puedes hacer. Veamos algunas propuestas.

El primer paso es buscar ayuda, bien sea en la familia o, si no es posible o suficiente, en colectivos en los que hay profesionales especializados en  esta temática y personas que han pasado por una situación similar. Ten en cuenta que el afrontamiento hace retroceder al acosador. Cuando señalamos la necesidad de afrontamiento, no nos referimos a un enfrentamiento personal, sino más bien a dejarle constancia con tu comportamiento de que estás tomando todas las medidas necesarias para resolver la situación, que no has caído en la indefensión, ni en la parálisis, ni en el miedo. Es un mensaje del tipo: “de acuerdo, tú haz lo que consideres, yo no puedo controlar tu comportamiento, pero haré todo lo que esté en mi mano para cambiar esta situación”.

Es importante informar a las personas allegadas, padres, pareja,  profesores, asesores o jefes si es el caso, etc., acerca de cada una de las agresiones o tratos vejatorios que se reciban. Informar de este tipo de trato te reafirmará en el convencimiento de que es una situación injusta que no tienes que permitir, y te alejará de la indefensión en la que puedes llegar a caer víctima del miedo y la inseguridad.

Otro punto importante es recordar lo que decíamos anteriormente respecto del agresor, es decir, que aunque en apariencia es una persona fuerte y poderosa, está llena de inseguridades y miedos que trata de resolver consiguiendo que le temas. No le sigas el juego permitiéndole que te vea resentido con él ni impotente ante él, esto no hará más que alimentar su deseo de poder sobre ti. Trata de ver a tu hostigador como alguien que te necesita a ti, aunque sea para sentirse poderoso, más que tú lo temes a él, esto te ayudará a vivir el acoso con más recursos psicológicos y menos inseguridad.

No te aísles socialmente ni te apartes y dejes de lado tus actividades diarias. El inmovilismo psicológico es una carrera que te lleva cuesta abajo en dirección a los pies de tu agresor. Trata de ofrecer una imagen de solvencia y tranquilidad frente a sus maquinaciones, esto le hará comenzar en su interior a respetarte, aunque no sea capaz o no se atreva a reconocerlo ante ti.

No pierdas el tiempo dándole vueltas a la cabeza y tratando de buscar en tu proceder qué es lo que has podido hacer para merecer un trato semejante. El acosador tiene un perfil de personalidad tóxico que no requiere de tus torpezas personales para poner en marcha sus estrategias manipuladoras y escarnecedoras. En todo caso reflexiona, no sobre lo que has hecho para estar ahí, sino lo que puedes hacer para salir de ahí.
Por último, ten en cuenta que, posiblemente, si tratas de hablar con tu acosador para pedirle explicaciones al respecto de su comportamiento contigo, o incluso ayuda en el sentido de que cese en su empeño de acosarte, es muy probable que, o bien niegue que él esté comportándose de tal manera, o bien justifique su comportamiento contigo, o incluso, y eso es lo peor, que le alimentes aun más la sensación de poder sobre ti e incremente su hostigamiento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario